La avanzada tecnología y el experimentado personal salvaron la vida de Sharon

 

 

El 4 de septiembre de 2013 fue otro hermoso día en Las Vegas. Todo lo que recuerda Sharon Martin es que estaba terminando su café de la mañana antes de que su marido, Keith, la encontrara inconsciente en su silla reclinable. Un llamado al 9-1-1 la llevó al hospital más cercano.

A través de una tomografía computarizada (TC) del cerebro de Sharon se detectó un aneurisma, que es la ruptura de una protuberancia, producida a causa de la debilitación de una pared arterial a través de la cual se suministra sangre al cerebro. Se trataba de una hemorragia subaracnoidea de grado 4, lo que implicaba sangrado en los tejidos cerebrales, de manera que necesitaba ser trasladada a un hospital equipado para ese tipo de emergencias. Aún sabiendo que la posibilidad de que Sharon sobreviviera el traslado de 10 millas en ambulancia era de un 3 por ciento, su familia insistió en que debían llevarla a Spring Valley Hospital, el "lugar" de Las Vegas para tratamientos cardiovasculares y endovasculares.

"La experiencia es realmente muy importante en el caso de los aneurismas cerebrales, y aquí hemos tratando muchísimos casos", explica Raj Agrawal, MD, neurorradiólogo de intervención que ejerce en Spring Valley Hospital y Valley Hospital. "Contamos con una sala de angioplastía tecnológicamente avanzada, y nuestros profesionales de enfermería y personal son excelentes".

El Dr. Agrawal primero reparó el aneurisma de Sharon con un procedimiento con espirales, en el cual se inserta un catéter en el aneurisma con forma de cúpula, y espirales, fabricados en platino y nitinol, que se colocan dentro de la cúpula. Los espirales promueven la coagulación sanguínea, lo que permite cerrar el aneurisma y reducir el riesgo de sangrado repetitivo. A partir de ese momento, el cuidado neurocrítico de la unidad de cuidados intensivos (UCI) de Spring Valley asume la responsabilidad. La calidad del cuidado de la UCI es tan importante para la sobrevivencia y recuperación del paciente, como la intervención cardiovascular.

"Los pacientes pueden desarrollar obstrucciones, o las arterias pueden comenzar a estrecharse, y tenemos que reducir la inflamación", comenta el Dr. Agrawal. "Podemos realizar otros angiogramas o inyectar medicamentos en el cerebro para mantener las arterias abiertas".

Su fe en Dios ayudó a Sharon a superar los 25 días en la UCI, incluidos siete días en estado de coma, donde amigos y familiares se turnaban para que alguien estuviera junto a ella minuto a minuto. Su comunidad cristiana de amigos rezó por ella, y su nieta de 5 años de edad, Sophie, oró por semanas para que su abuelita viviera. Sharon cree fervientemente en el poder de la oración y cree que "Dios nos guió al hospital adecuado".

Sorprendentemente, Sharon se recuperó sin quedar con parálisis ni ninguna otra discapacidad. Sus médicos dijeron que había sido un "milagro", considerando que quienes llegan al hospital en coma con una ruptura de grado 4, como Sharon, solo tienen una tasa de supervivencia de 15 a 20 por ciento. En el primer aniversario de su aneurisma, Sharon entregó personalmente cupcakes y galletas en agradecimiento por haber salvado su vida al servicio de ambulancia que la llevó a emergencias, al personal de bomberos que respondió a la llamada al 9-1-1 de su marido y a todo el personal de enfermería y otros profesionales de Spring Valley Hospital. "Le debo mi vida a tres cosas", cuenta Sharon. "La fe en Dios... el apoyo de mi familia... y la fabulosa atención que recibí en Spring Valley Hospital".

La conexión familiar

El aneurisma de Sharon Martin fue una desgracia con suerte para su hija. Debido a que la debilitación de las arterias puede tener una conexión genética, el neurólogo de Sharon Martin recomendó que sus familiares más cercanos se sometieran a un angiograma por resonancia magnética (ARM), que muestra imágenes de los vasos sanguíneos del cuerpo. El examen reveló que la hija de Sharon, Shelly, tenía una "sombra" que resultó ser un tumor cerebral benigno del tamaño aproximado de una uva. Se lo extirpó solo siete meses después del aneurisma de su madre. "Luego de mi enfermedad, le pregunté a Dios por qué sobreviví. Ahora sé que fue porque necesitaba cuidar a mi hija", dice Sharon. "Aprendí que la vida es corta y puede terminar en una fracción de segundo. Así que demuéstrele a sus familiares cuánto los ama y aprecia... mientras pueda hacerlo".

Infórmese más acerca de la tecnología avanzada disponible para el diagnóstico y tratamiento de los aneurismas cerebrales y otras afecciones, en el Spring Valley Hospital >